jueves, 15 de julio de 2010

limpio

Y cuando pensaba que la primera entrada de mi nuevo blog sería casi un arte poética, me descubro manchándola por completo, ensuciándola.

Hace bastante rato que nada puede ser completamente limpio. Nada.


Culpa

Una entrada llena de mierda, atestada de ella.

Porque de lo único que tengo ganas, en este preciso instante, es de vomitar y vomitar y de vomitarlos a todos en la cara, en la ropa, en las manos, dejarlos hastiados de mi sabor amargo.

Bilis.

Mancharlo todo de ira, de rabia, de mierda, de sangre. Que se coagule. Que se corte. Que se pudra y se vuelva corrosiva. Que a todos les desprenda la piel hasta que de ardor se desmayen. Que se destruyan fibra tras fibra, vena tras vena, que se aniquilen. Que se hundan. Que se les quemen las manos, que se le rajen los labios.

[que no puedan gritar]

Que se les olviden las malditas plegarias a sus dioses infantiles, que se les seque la boca, que no puedan arrodillarse. Que uno tras otro sientan angustia, desesperación, mirándose atemorizados, perdidos, con los rostros paralizados en una mueca de terror, de pánico.

Que intenten darse la mano y no puedan moverse, que se retuerzan, que se meen sobre ellos mismos. Que se eyaculen. Que se infecten. Que se hundan las uñas bajo la carne, que se crucifiquen. Que se quemen la piel para recibir un poco de calor.

Que no puedan parpadear.

... y que jamás dejen de pensar que tienen la culpa de todo.